🛏️ Descanso fresco

Sábanas de lyocell y bambú, almohadas refrigerantes y todo lo que ayuda a dormir cuando el termómetro no baja de 25 °C.

Para dormir, el cuerpo necesita bajar su temperatura interna aproximadamente un grado. Cuando la habitación se queda por encima de los 25 °C ese descenso no llega a producirse del todo, y de ahí vienen las noches de dar vueltas, despertarse a las cuatro y levantarse con la sensación de no haber descansado. No es sugestión: es fisiología.

La buena noticia es que el textil influye más de lo que parece, y es lo más barato que puedes cambiar. La mala es que el marketing de esta categoría es especialmente turbio: casi todo lo que se vende como «refrescante» no enfría nada, simplemente evita retener el calor que tú mismo generas. Que no es poco —de hecho es justo lo que necesitas—, pero conviene comprarlo con esa expectativa y no con la de meterte en una cama fría.

Aquí separamos lo que cambia una noche de verano (tejidos que transpiran y evacúan la humedad, almohadas que no acumulan calor) de lo que solo cambia el precio. Y si en casa hay un bebé, la conversación es distinta: la seguridad manda sobre el confort, y lo contamos aparte.

En qué fijarte antes de comprar

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